Cáncer de Vejiga

El cáncer de vejiga es el noveno cáncer más común en todo el mundo. Los tumores de urotelio se originan de la mucosa que recu­bre toda la vía urinaria: alta (cálices, pelvis y uréter) y baja (vejiga y uretra).

Cáncer de Vejiga

El carcinoma vesical es el más frecuente de neoplasias malignas de la vía urinaria y el tipo histológico más frecuente es el urotelial (células transicionales), siendo el tabaquismo su principal factor de riesgo. Afecta frecuentemente a varones (con una relación Hombre/Mujer: 2,7:1) entre los 60-70 años. De ellos el 90% son carcinomas transicionales, 8% escamosos, y el resto adenocarcinomas. Afecta frecuentemente a varones (con una relación Hombre/Mujer: 2,7:1)   entre los 60-70 años. De ellos el 90% son carcinomas transicionales, 8% escamosos, y el resto adenocarcinomas.

Etiología y Fisiopatología

La causa más frecuente son las aminas aromáticas relacio­nadas al TABACO, la industria textil, del caucho y colorantes, productos derivados del petró­leo, Lavanderías, Industrias de Pinturas, entre otros.

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Las in­fecciones crónicas o catéter vesical permanente aumentan la incidencia de carcinoma escamoso vesical. Los adenocarci­nomas vesicales son raros. Se relacionan con extrofia vesical. El urotelio recubre el tracto urinario desde las papilas caliciales hasta la uretra prostática, en cualquiera de estos niveles pueden desarrollarse los tumores (vejiga 90%, tracto urinario superior (5%) y la uretra (1%). Al momento del diagnóstico, aproximadamente el 80% de estos tumores están confinados a la vejiga y 15% ya están diseminados, el 5% restante corresponde a in situ. En la vejiga, la ubicación más frecuente es en el trígono o piso.

Diagnóstico

El cáncer de vejiga habitualmente tiene un curso clínico si­lente y la mayoría de las veces se hace el diagnóstico por la presencia de hematuria macroscópica (con frecuencia indolora), que es el signo más característico. En otras ocasiones puede existir la presencia de hematuria microscópica reiterada y síntomas irritativos, como disuria, urgencia miccional y polaquiuria, no justifica­do por infecciones del tracto urinario o litiasis, y en raras ocasiones puede presentarse como masa palpable. La evaluación se debe iniciar con examen de orina, urocultivo, ecografía renal y pelviana, citología urinaria, Sin embargo, el examen que más sensibilidad presenta para de­tección de lesiones uroteliales es el Urotac con contraste endovenoso (llegando a una sensibilidad del 97%) o la resonancia magnética. El estudio deberá completarse con la cistoscopía, examen endoscópico que permite una visualización directa de la ure­tra anterior, posterior, cuello vesícula y vejiga. Al momento del diagnóstico la mayoría de los tumores son superficiales (60- 70%) y un 15% están con metástasis.  El cáncer de pelvis renal y de uréter es poco frecuentes, no más del 4% del total de los cánceres del urotelio, también son más frecuentes en el hombre y la edad de presentación es de 65 años y la etiología es similar al cáncer de vejiga.

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Tratamiento

El tratamiento a llevar a cabo va a depender del estadio y grado del cáncer, ya que puede ser superficial o infiltrante, y el manejo será completamente diferente.

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En los tipos de cánceres más superficiales, la extirpación se realiza a través de la uretra con una técnica mínimamente invasiva a través de una resección transuretral, con la aplicación posterior de la inmunoterapia endovesical con Bacilo Calmette-Guerin (BCG), dismi­nuyendo el porcentaje de recidivas en un 40%. En los tumores más profundos, es necesario poner mediante vía quirúrgica un reservorio a modo de vejiga cuando se haya extirpado este órgano (cistectomía radical, más neoimplante de vejiga). La quimioterapia se utiliza o bien antes, para disminuir el tamaño del tumor, o bien tras la operación para prevenir nuevos crecimientos.

Pronóstico

La supervivencia específica del cáncer de alto grado es aproximadamente del 70 al 85% a los 10 años. El seguimiento a largo plazo de las lesiones de bajo grado demuestra una tasa de progresión de aproximadamente 6%, mientras que las lesiones de alto grado tienen una mayor probabilidad de progresión de aproximadamente 17%. Por lo tanto, la capacidad de predecir el riesgo de recurrencia y progresión en función de las características específicas de la enfermedad del paciente tiene importancia pronostica. En pacientes con cáncer superficial se controlan cada 3 a 4 meses el primer año con citoscopía y cada 6 meses después en el segundo año en combinación de citología urinaria.