Patología Prostática

Normalmente en el hombre joven la próstata está sana. Con el envejecimiento la próstata puede sufrir tres grandes tipos de problemas:

PROSTATITIS

El término prostatitis define la inflamación de la próstata. Hay tres tipos de prostatitis: aguda, crónica y no infecciosa. Los síntomas de la prostatitis varían en los diferentes tipos, pero entre los más habituales se encuentran los siguientes:

• Escalofríos y fiebre, en las infecciones agudas.
• Dificultad para orinar, frecuentes urgencias para orinar, micción dolorosa o sensación de quemazón, sangre o pus en la orina.
• Dolor en la parte baja de la espalda y en el periné, el área entre el escroto y el ano.
• Dolor articular y/o muscular.
• Dolor y tumefacción de la próstata.
• Eyaculación dolorosa.

La prostatitis aguda y la crónica están causadas por microorganismos, generalmente bacterias. No son infecciones contagiosas ni enfermedades de transmisión sexual. Su tratamiento se basa en antibióticos.

La prostatitis no infecciosa no está producida por bacterias, por lo que los antibióticos no son de utilidad. De manera que el tratamiento se basa en el empleo de bloqueantes alfa-adrenérgicos, relajantes musculares, analgésicos.

El diagnóstico se realiza normalmente mediante un análisis de orina, que detecta la presencia de gérmenes. La identificación de la bacteria responsable permitirá el tratamiento antibiótico apropiado. En ocasiones también es útil el análisis de la secreción prostática, que se consigue mediante un masaje de la próstata durante la exploración del tacto rectal.

Hay que diferenciar la prostatitis de la prostatodinia o próstata dolorosa, que es una enfermedad que simula la prostatitis, pero sin inflamación. Los pacientes tienen dolor en la zona pélvica o en el periné (dolor pélvico crónico) sin presencia de infección. Este trastorno se cree debido a espasmo de la musculatura del suelo pélvico más que a una enfermedad propia de la próstata.

HIPERPLASIA BENIGNA DE PRÓSTATA

La hipertrofia benigna de próstata (HBP) es el resultado del crecimiento no canceroso del tejido que forma la próstata. No se conocen sus causas, pero parece estar relacionada con los cambios hormonales que se producen con el envejecimiento.

A la edad de 60 años, la mitad de la población masculina tiene ya signos microscópicos de HBP y a la edad de 70 años, más del 40% tiene un aumento del tamaño de la próstata que se puede detectar con la exploración. El tamaño normal de la próstata es similar al de una castaña (20 grs de peso).

La HBP normalmente no afecta a la función sexual, pero el aumento de tamaño de la glándula produce presión sobre la vejiga urinaria y la uretra y dificulta el flujo de orina. Muchos hombres necesitan levantarse varias veces durante la noche para orinar, otros tienen una sensación molesta producida porque la vejiga nunca se vacía completamente.

Forzar el vaciado de la vejiga puede empeorar más las cosas: la vejiga se contrae, las paredes de la vejiga se engrosan y pierden elasticidad y sus músculos se vuelven menos eficientes. El acúmulo de orina en la vejiga puede predisponer a las infecciones del tracto urinario, e intentar forzar el chorro de orina sólo producirá presión hacia arriba, que puede acabar lesionando los riñones.

El bloqueo completo de la uretra es una emergencia médica que requiere la inmediata cateterización, es decir la inserción de un tubo a través de la uretra hasta la vejiga para drenar la orina. Otras posibles complicaciones de la HPB son los cálculos y la hemorragia vesicales.

Diagnóstico de la HBP

Como en todo proceso diagnóstico, lo primero es realizar una historia clínica centrada en el tracto urinario: riñón, uréteres, vejiga y uretra, que permite al médico identificar los síntomas y evaluar la posibilidad de existencia de problemas urinarios.

A continuación, se realiza la exploración física, lo que puede conseguirse mediante el tacto rectal, y se solicitan varias exploraciones complementarias: análisis de orina, análisis de sangre para valorar la función renal y para medir los niveles del PSA o antígeno prostático específico. El PSA es una proteína producida por las células de la glándula prostática que ayuda a la detección temprana del cáncer.

Tratamiento de la HBP

Alrededor de la mitad de los hombres con HBP desarrollan síntomas lo suficientemente severos como para necesitar tratamiento.

En los casos de sintomatología leve puede ser suficiente un tratamiento de «observación expectante», es decir controles periódicos, por ejemplo anuales, de la evolución de la enfermedad, que de momento no necesita tratamiento. Si los síntomas son acusados, existen varios medicamentos que pueden resultar útiles, así como varias opciones quirúrgicas que pueden ser eficaces.

Dentro de la fase de «observación expectante» la no necesidad de tratamiento médico no significa que no pueda hacerse nada para ayudar a reducir algunas de las molestias. Por ejemplo, se puede limitar la cantidad de ingestión de líquidos por la tarde, especialmente bebidas con cafeína o alcohol, que predisponen a una más frecuente micción nocturna o que pueden interferir con el sueño; hay que darse tiempo para vaciar la vejiga lo más completamente posible; y no hay que pasar demasiado tiempo sin evacuar orina. También hay que pensar que algunos medicamentos que se pueden estar tomando pueden empeorar los síntomas, como, por ejemplo, antitusígenos o antigripales, tranquilizantes, antidepresivos y antihipertensivos.

Tratamiento farmacológico de la HBP

Existen dos grandes grupos de medicamentos que pueden emplearse: los bloqueadores alfaadrenérgicos (tamsulosina, silodosina, alfuzosina y los inhibidores de la 5 alfa reductasa (finasterida).

Los bloqueadores alfaadrenérgicos relajan la porción muscular de la próstata y el cuello de la vejiga, de manera que permiten que la orina fluya más libremente. En la mayoría de los pacientes estos fármacos reducen los síntomas a los pocos días. Entre sus efectos secundarios se encuentran el mareo, la fatiga y el dolor de cabeza.

La finasterida reduce el tamaño de la próstata mediante el bloqueo de la enzima que convierte la hormona masculina testosterona en su forma estimulante del desarrollo más potente. Este fármaco parece ser más útil en aquellos pacientes que tienen la próstata de mayor tamaño y necesita unos 6 meses de tratamiento para mostrar beneficios. En un pequeño porcentaje de casos se puede ver afectada la actividad sexual, reduciendo el interés del hombre por el sexo, disminuyendo la capacidad de erección y dificultando la eyaculación.

Diversos agentes fitoterapéuticos, extractos de plantas y otras sustancias se comercializan y emplean frecuentemente en al tratamiento de la HBP, aunque no se conoce con exactitud su mecanismo de acción. Suelen tener una eficacia modesta en el alivio de los síntomas de algunos pacientes, y cuentan con la ventaja de sus muy escasos efectos secundarios.

Tratamiento quirúrgico de la HBP

Si bien el empleo de las técnicas quirúrgicas ha disminuido desde la aparición del tratamiento farmacológico, éstas se siguen empleando frecuentemente. Son varios los tipos de cirugía que pueden emplearse: la resección transuretral, la incisión transuretral, la ablación transuretral con aguja y la prostatectomía

CÁNCER DE PROSTATA

Al igual que otros cánceres, el cáncer de próstata es una enfermedad en la que las células crecen y se multiplican anormalmente, fuera de todo control. El cáncer de próstata puede cruzar las barreras tisulares y diseminarse por todo el organismo.

En comparación con la mayoría de los cánceres, el cáncer de próstata tiende a crecer lentamente. Pueden pasar décadas desde el primer cambio en una célula detectable por el microscopio, hasta que el cáncer alcanza un tamaño suficiente para producir síntomas.

Hacia los 50 años, aproximadamente un tercio de la población masculina tiene signos microscópicos de cáncer de próstata. A los 75 años, entre la mitad y las tres cuartas partes de las próstatas muestran cambios cancerosos. Sin embargo, la mayoría de estos cánceres permanecerán latentes, es decir, sin producir signos ni síntomas, o serán indolentes, es decir crecerán tan lentamente que nunca se convertirán en una amenaza seria para la salud